Aprovechando que este blog es un cajón de sastre, más
desastre contra más avanza el tiempo por agotamiento de ideas ( qué envidia de
Lope de Vega y otros prolíficos escribidores), voy a desahogarme con algo
pueril.
Perdí la afición al baloncesto, mi espectáculo deportivo
favorito, cuando tanto la NBA ( ¡ay, Ramón Trecet en la madrugada ¡) como la
Liga nacional pasaron a manos privadas y de pago. Con el tenis, lo mismo.
Ahora, Movistar se ha hecho con los derechos de todo el fútbol televisado
durante los tres próximos años, por lo que me obligan de nuevo a cambiar de
operador si quiero seguir al equipo de mis amores perros. . Y esta vez he
dicho ¡basta!. He leído que , dentro de
tres años o antes, Netflix prepara su desembarco en la retransmisión de partidos
de fútbol. Se hará con los derechos sin despeinarse, que para eso ingresa mil
millones de euros al mes. De momento, Facebook emite gratis la Liga española y
la Champions , también la Europa Legue, para la India y otros países asiáticos.
Supongo que será porque los hindúes están acostumbrados a adorar a las vacas
sagradas, justo en lo que se han
convertido las figuras de este deporte.
Prefiero perder también la afición al fútbol antes que
seguir haciendo el indio en medio de esta jungla donde todo lo domina el
cochino dinero. Las compañías de telefonía móvil que pugnan año tras año por el
mercado del fútbol televisado son los Borgias contemporáneos. Se asestan de
cuchilladas entre ellos que es un primor y a los demás nos vuelven locos.
A todo esto, los únicos partidos de fútbol que se darán en
abierto serán los de la Liga Femenina. Háblale a la ley de la oferta y la
demanda de la correctísima y politiquísima Igualdad de Sexos, que se puede
morir de la risa.
Siempre lo ha sido. O no siempre. Porque retransmitir
partidos de fútbol no resultaba rentable antaño, en tiempos del blanco y negro
de un alopécico Di Stéfano. Y también en los de un bisoño y melenudo Camacho y
el esforzado Pirri. Todo esto cambió cuando el periodista mejor pagado acabó
siendo Jose María García, que ha presentado el Trofeo Carranza de este año. Qué
personaje. En 1982, su ficha era de 500 millones de pesetas al año. Y cuando,
según él, Aznar le echó de las ondas, en el 2002, su ficha ya era de 2.000
millones. Por repetir como un mantra lo de “Pablo, pablito, pablete “ y “chupóptero
“ cada tres frases, no está nada mal. La elementalidad perogrullesca en estado
puro. Ahora, septuagenario, clama contra el desorbitado mercado futbolístico .
Un poquillo hipócrita siempre ha sido, aunque excelente comunicador. Creo que
la culpa es suya. Su Hora 25 convirtió a los aficionados en fanáticos y, desde
entonces, d. Dinero lo tuvo claro: el fanatismo en el fútbol es rentable, algo
que la política descubrió mucho antes.
Bueno, pues nada….un fanático menos ( hincha en el argot de
la casa) , e intentaré engancharme al fútbol femenino con cuidado de no
despotricar frases machistas cuando Ronalda falle un penalty.
Antes, en tiempos del alopécico Di Stéfano, y también en los
del bisoño y melenudo Camacho y el esforzado Pirri, si veías partidos de fútbol
era porque estabas alienado por el Régimen. Ahora, si ves fútbol, fútbol de
pago, no solo es porque estás alienado, sino que , además, estás gilipollas.
Ya me he cansado del engorro de estar cambiando de operadora
según a los Borgias de la comunicación les apetece, de hacer el canelo y de
reírle las gracias a la peor faceta del capitalismo bulímico.
Como dice mi sabia madre, que se vayan a robar a Sierra
Morena.














