Entre asombros, sombras, luces y quimeras, sólo soy un hombre iluso entre las fieras...
viernes, 28 de septiembre de 2018
THE FUTURE
El miércoles por la noche volví a escuchar algunas de sus canciones. Entre "bajar al bar a ver" ( expresión berebere) al Sevilla contra el Real Madrid o escuchar a Cohen, preferí regalarme una buena ración de, ...no sé cómo adjetivarle, ....de Leonard Cohen.
Cuando escuché su canción "the future", me picó la curiosidad y requerí los servicios del google para enterarme bien de la traducción de su letra ¡ Qué envidia de Talkin y su dominio de la lengua de Shakespeare !
" he visto el futuro y es un crimen".....¡Diantres!...¿de qué año era esa canción ?, me pregunté. 1992.
¿En 1992 Leonard ya nos imaginaba en el futuro como penitentes necesitados urgentemente de arrrepentimiento? ¿ Por qué todos los visionarios se llaman Leonardo?
No creo que sea un atributo del nombre de pila, sino de la vejez, Nos hacemos sabios y visionarios demasiado tarde, de la misma forma en que se nos regala un peine cuando ya nos hemos quedado calvos.
Leonard nos canta y cuenta en su "the future", con su voz de Moisés carraspeador, que nuestra vida privada explotaría de repente y que alguien tendría el control absoluto de nuestras conciencias y opiniones, que desaparecería la vida privada, el territorio de la intimidad, que todo cuanto pudiéramos hacer o decir podría ser escrutado y malinterpretado hasta convertirse en una acusación contra nosotros mismos. Además, aireado a los cuatro vientos. Un panorama desolador y orwelliano..
Prudentemente ( lo he notado sobre todo en la red Facebook), muchos de nosotros hemos dejado de plasmar nuestra opiniones y nuestra cotidianidad porque ya no nos sentimos cómodos revelándonos o confrontándonos. Hemos detectado los primeros síntomas de asfixia a lo que nos aboca un uso cándido y quizás excesivo de las redes sociales. Empezamos a tomar conciencia de que una invisible y todopoderosa inteligencia artificial nos tiene fichados.La reacción no se ha hecho esperar: nos alejamos todo lo que podemos de lo que pueda amenazar nuestra intimidad. E internet es una seria amenaza.
"The future" contiene un mensaje muy hermético, muy sombrío y hasta apocalíptico, pero Leonard llevaba razón, por mucho que un coro de bellas voces femeninas , al entonar el estribillo, dulcifique un poco la cuestión.
"¡Arrepiéntete...., arrepiéntete...., arrepiéntete"!
Pero...¿de qué? ...Da lo mismo. Si alguien te graba o roba imágenes, si alguien se toma la molestia de alterar tus acciones o pensamientos, tus escritos, de forma malintencionada , te convertirá en un pecador despreciable.
Se acepta el riesgo a cambio de las ventajas de poder consultar en un momento la letra traducida de una canción que te gusta pero que no sabes de qué habla.
Si las tenazas del Gran Hermano caen sobre ti, yo estoy preparado porque me aferro a mi religión de que nada ni nadie me pueda hacer sentir mal en contra de mi opinión, aunque me llamen maricón los maricones de mis compañeros....¡Santa paciencia!
De todas formas, conviene siempre tener en cuenta que Internet es un Villarejo binario. ¡Cuidado!
Lo cierto es que fue noche de oscuros presagios...Sí, ...encima el Sevilla nos endilgó un tres a cero. .....¡Ay, Leonard, cuánto me gustas, pero qué cenizo has sido siempre! Chungalete y revenío, que dicen los gaditas.
¡Ea, ya te he adjetivado, Leonard! Pero me arrepiento. Perdóname.
viernes, 21 de septiembre de 2018
DOUBLE FANTASY
(Dedicado a mi hermano Juanky, fervoroso admirador de John, quien tras ver el documental de MUCH sobre su última etapa y los esfuerzos de Yoko por preservar su memoria, escribió " yo me bajo aquí")
.- "seis horas estuve al timón y mis compañeros refugiados. Los golpes del agua me hacían ponerme de rodillas"
Tras sufrir esta experiencia en alta mar rumbo a las Bermudas ,en un velero, la sequía de cinco años de inspiración musical tocó a su fin. Y entre John y Yoko compusieron uno de los álbumes más extraordinarios que ha visto nacer la historia de la música.
¿Qué le pasó a John a bordo de ese velero zarandeado por la furia del mar y en medio de la noche?
Creo que lo sé
Expande melodías cada gota que golpea. El frío me entumece como el látigo chasquea. El miedo se me escapa entre dientes apretados al contacto de una muerte que no espera. Siento escurrirse entre las venas el coro de la vida y su belleza. Si la muerte me perdona esta noche de tormenta y la cresta de una ola no me entierra, náufragos de todo el mundo oirán nuevas canciones que serán faros en la Tierra
Tras esta experiencia, vio la luz Double Fantasy...No le dio tiempo a más, antes de que aquella tormenta le volviera a reclamar
lunes, 17 de septiembre de 2018
NIÑERÍAS
Es más fácil insultar a Dios que demostrar que está equivocado.
Ofender los sentimientos religiosos para presumir de libertad de expresión.
Ahora no, pisha. Ahora no tiene el menor mérito.. Delante de Savonarola. Delante de Calvino, Enfrente de Torquemada. Desafiando a los Papas guerreros. Ahora, como mucho, se te presupone el mismo indiscutible y desafiante valor si eres capaz de dirigir tus insultos al Islam en vez de al Catolicismo, Pero no, ...leña al mono desnudo en vez de al gorila de montaña.
Libertad de expresión....Pues yo me cago en la libertad de expresión cuando sirve para comportarse como niños malcriados. Sí, esos niños berrinchudos que, para llamar la atención, no solo molestan o incordian, sino que aprenden a decir picardías para reclamar atención exclusiva.
No se es más íntegro y campeón de la libertad por insultar a un Dios. Se es más tonto. Se es más niño impertinente.
Si no estás de acuerdo con lo que representa ese Dios y con quienes le profesan fe, ten el valor de hacerlo como lo hicieron ellos en la peor de las épocas. Ten la gallardía de demostrar con argumentos que Dios y sus intérpretes están equivocados, como lo hicieron Miguel Servet, Giordano Bruno, Copérnico, Galileo o Darwin. Juégatela como hicieron Da Vinci o Miguel Angel en sus improvisadas morgues caseras.
No profeso ninguna religión. Tengo muy claro que son un conglomerado de supercherías imaginarias servidas por los brujos de la tribu desde el origen de los tiempos, con una coreografía teatral pasmosa, al servicio del sentimiento de no sentirnos solos, minúsculos, insignificantes y transitorios. Para que no nos sintamos huérfanos de origen y destino.
Pero todavía creo menos en los beneficios de la falta de respeto. Quienes disfrutan con ellos a conciencia y de forma gratuita no me están demostrando que Dios es una quimera. Me están demostrando que la imbecilidad es infinita, una y multitrina, el pecado original por el que se arruina la convivencia.
Mi mentado encargado, el sr. Antonio, cuando se malograba una hornada de lo que fuera, se desahogaba con una variedad de blasfemias originales que me hacía imposible contener la risa. Me tenía que esconder porque se ponía hecho una fiera y no quería desautorizarle con mis risotadas.
Su andanada sacrílega podía ser de este tipo: " ¡me cago en los cuatro evangelios montáos en el carro de San Pedro y San Pablo tirados por los caballos que parió la yegüa santa!"
Así, del tirón y sin respirar. Mis compañeros se amedrantaban, y con razón, ante tal explosión de ira de un sr. Antonio convertido en el Demonio de Tasmania. Pero yo no podía, me moría de la risa. Una vez, me sorprendió tras los armarios de género ocultando mis carcajadas, y muy serio me miró. Tras unos segundos de vacilación, él también se echó a reír.
Era muy creyente. No blasfemaba para ofender. Despotricaba para no echar a la calle a más de uno. No es lo mismo.
Me estoy riendo ahora al recordar esos momentos.
En cambio, no me hace ninguna gracia si el objetivo es ofender por ofender, y menos en nombre de la libertad.
miércoles, 12 de septiembre de 2018
CHIRINGUITOS
Este chiringuito se encuentra en el pueblo costero valenciano de Oliva. Sol, mar, cielo azul, arena blanca, buena música, ricas tapas, cerveza fresquita y ganas de petrificarse ahí para siempre, en plan Moái
Echo de menos los chiringuitos de Georgi Dan. Paseo por la
Victoria de Cádiz, o por Valdelagrana y Fuentebravía en el Puerto de Santa
María, y la uniformidad estructural de los chiringuitos playeros me resulta
soviética. Casi son restaurantes de lujo en los que te da hasta reparo entrar
en bañador. Sujetos cada vez más a reglamentaciones administrativas y
urbanísticas muy estrictas. En cuanto a los precios, ay, señor!....esos sí que
no admiten dudas: de restaurante de tres tenedores, de Arzaz playero, a euro y medio la sardina.
Siento mucha nostalgia de los chiringuitos de Georgi Dan.
Ahí te colabas en chanclas, mojado, con tu toalla al hombro, y pedías un
botellín de cerveza y unas sardinas y te las servían en un vetusto mostrador de
chapa, al amparo de tablones de madera que te hacían sentir un Robinson Crusoe
dominguero. Además, ahí dentro estábamos todo el mundo en traje de baño y tanta
presencia cercana de beldades en bikini te convertían en un lúbrico profesor
Cojonciano con los ojos convertidos en los periscopios de un camaleón. Y con
cien pesetas tenías para una docena de sardinas de las gordas y llegar
achispado a casa con esas primas de los arenques y las anchoas nadando en tu estómago en fría cervecita.
La tendencia que tenemos los humanos a complicarnos la vida
y a reglamentar hasta la respiración ha acabado con el encanto de los
chiringuitos. Lo próximo será instalar en ellos las impersonales boutiques de los aeropuertos.
Mi chiringuito favorito, inolvidable, era uno de Tavernes de
Valldigna llamado “Macario”, nombre chiringuitero de pura cepa, donde su dueño
te servía descalzo y a pecho legionario unas sepias y unas sardinas riquísimas.
Yo no sé si Germán
Coppini se equivocó en treinta años y los malos tiempos para la lírica no eran
entonces, en su década ochentera, sino ahora. Ahora , que está mal visto mirar
a los ojos de la gente en vez de a la pantallita del móvil. Yo no le veo poesía a estos chiringuitos modernos por
ninguna parte, pero os aseguro que no es una jugarreta de nostalgia errónea
afirmar que las sardinas no saben igual. Tan verdad como lo era la canción del
verano.
Mi canción de verano favorita fue la “ Dolce Vita”, de Ryan
Paris….del 83.
No la he recuperado. Me la dejé en la arena del chiringuito de Macario
miércoles, 5 de septiembre de 2018
LOS LOBOS...., GRUPO SALVAJE
La remontada de ayer a cargo de Jose fue èpica. Estuvieron a
punto de ser eliminados…Los Lobos del programa Boom, camino de convertirse en
leyendas de la televisión.
Quiero homenajearles.
Jose tiene una cultura como su físico de ganadero
californiano: oronda, y que abarca el gran perímetro de conocimientos que
otorga el incesante caudal de saber que suministra la lectura voraz. Y lee como
cuida de su ganado, seguramente: de forma pragmática , deteniéndose en la
observación de lo que hace mejorar la raza y de lo que merece la pena conservar
en la memoria.
Valentín es el reflejo de la sapiencia atesorada en medio
del silencio de las bibliotecas. No puede disimular su aura socrática,
pedagógica, y transmite la confianza y el respeto de esos profesores que no necesitan
pedir silencio a sus alumnos . Él es la encarnación del respeto espontáneo y su
cultura fluye como en los deltas el agua de los ríos.
Erundino es el suricato del grupo. Un hombre inquieto,
dinámico, que se yergüe ante todo lo que le llama la atención, y lo desmenuza
con la curiosidad científica de un Leonardo da Vinci, para luego pasar a otra
cosa. Nada deja al azar y lo que sabe lo sabe porque lo ha metido en su cerebro
como un joyero de Amsterdam mete un diamante en una caja de seguridad.
Manuel…, a Manuel le gusta muchísimo el cine, y de los cuatro es el que más bagaje de conocimientos inútiles reúne. Por eso me identifico tanto
con él. Me lo imagino memorizándose el nombre de los jugadores de ese Dynamo de
Kiev que venció a los nazis en un partido de fútbol, mientras se come una bolsa
de pistachos. Su competitiva expresividad es la de un galgo en la línea de salida; y su
felicidad, la de demostrarse a sí mismo que saber cosas inútiles no es perder el
tiempo, sino el de regalarte íntima satisfacción.
Los cuatro juntos son impresionantes, un imbatible Grupo
Salvaje de la cultura que sólo podrá ser abatido después de una
autodestructiva noche de farra, mujeres y alcohol, y ante un ejército de
catedráticos. Como los de Peckimpah….verdad, Manuel?
No os llegará este modesto homenaje, pero no encuentro otra
forma de agradeceros la admiración que me despertáis.
lunes, 3 de septiembre de 2018
CANAL CANELO
Aprovechando que este blog es un cajón de sastre, más
desastre contra más avanza el tiempo por agotamiento de ideas ( qué envidia de
Lope de Vega y otros prolíficos escribidores), voy a desahogarme con algo
pueril.
Perdí la afición al baloncesto, mi espectáculo deportivo
favorito, cuando tanto la NBA ( ¡ay, Ramón Trecet en la madrugada ¡) como la
Liga nacional pasaron a manos privadas y de pago. Con el tenis, lo mismo.
Ahora, Movistar se ha hecho con los derechos de todo el fútbol televisado
durante los tres próximos años, por lo que me obligan de nuevo a cambiar de
operador si quiero seguir al equipo de mis amores perros. . Y esta vez he
dicho ¡basta!. He leído que , dentro de
tres años o antes, Netflix prepara su desembarco en la retransmisión de partidos
de fútbol. Se hará con los derechos sin despeinarse, que para eso ingresa mil
millones de euros al mes. De momento, Facebook emite gratis la Liga española y
la Champions , también la Europa Legue, para la India y otros países asiáticos.
Supongo que será porque los hindúes están acostumbrados a adorar a las vacas
sagradas, justo en lo que se han
convertido las figuras de este deporte.
Prefiero perder también la afición al fútbol antes que
seguir haciendo el indio en medio de esta jungla donde todo lo domina el
cochino dinero. Las compañías de telefonía móvil que pugnan año tras año por el
mercado del fútbol televisado son los Borgias contemporáneos. Se asestan de
cuchilladas entre ellos que es un primor y a los demás nos vuelven locos.
A todo esto, los únicos partidos de fútbol que se darán en
abierto serán los de la Liga Femenina. Háblale a la ley de la oferta y la
demanda de la correctísima y politiquísima Igualdad de Sexos, que se puede
morir de la risa.
Siempre lo ha sido. O no siempre. Porque retransmitir
partidos de fútbol no resultaba rentable antaño, en tiempos del blanco y negro
de un alopécico Di Stéfano. Y también en los de un bisoño y melenudo Camacho y
el esforzado Pirri. Todo esto cambió cuando el periodista mejor pagado acabó
siendo Jose María García, que ha presentado el Trofeo Carranza de este año. Qué
personaje. En 1982, su ficha era de 500 millones de pesetas al año. Y cuando,
según él, Aznar le echó de las ondas, en el 2002, su ficha ya era de 2.000
millones. Por repetir como un mantra lo de “Pablo, pablito, pablete “ y “chupóptero
“ cada tres frases, no está nada mal. La elementalidad perogrullesca en estado
puro. Ahora, septuagenario, clama contra el desorbitado mercado futbolístico .
Un poquillo hipócrita siempre ha sido, aunque excelente comunicador. Creo que
la culpa es suya. Su Hora 25 convirtió a los aficionados en fanáticos y, desde
entonces, d. Dinero lo tuvo claro: el fanatismo en el fútbol es rentable, algo
que la política descubrió mucho antes.
Bueno, pues nada….un fanático menos ( hincha en el argot de
la casa) , e intentaré engancharme al fútbol femenino con cuidado de no
despotricar frases machistas cuando Ronalda falle un penalty.
Antes, en tiempos del alopécico Di Stéfano, y también en los
del bisoño y melenudo Camacho y el esforzado Pirri, si veías partidos de fútbol
era porque estabas alienado por el Régimen. Ahora, si ves fútbol, fútbol de
pago, no solo es porque estás alienado, sino que , además, estás gilipollas.
Ya me he cansado del engorro de estar cambiando de operadora
según a los Borgias de la comunicación les apetece, de hacer el canelo y de
reírle las gracias a la peor faceta del capitalismo bulímico.
Como dice mi sabia madre, que se vayan a robar a Sierra
Morena.
viernes, 24 de agosto de 2018
CIENTO OCHENTA Y SEIS ESCALONES

Ciento ochenta y seis escalones. Tenían que subir ciento ochenta y seis escalones cargados en una mochila de madera con un bloque de piedra que pesaba unos cuarenta kilos. El peso corporal de cada preso no superaba los cuarenta o cincuenta kilos. ¿Destino final de esas enormes piedras de granito? Sirvieron para pavimentar la ciudad austriaca de Linz, lugar donde se crió Hitler.
El comandante del campo de concetración, Franz Ziereis, gustaba de asistir a ese espectáculo cruel en compañía de su enorme perro dogo. Los presos esclavizados no sólo temían que sus fuerzas les abandonaran definitivamente durante la mortal ascensión, sino que a su extrema debilidad se sumaba el pasatiempo favorito de ¿un ser humano? uniformado e investido del poder de Dios, poder de vida y muerte: de vez en cuando, y para animar la fiesta, el comandante Ziereis azuzaba a su dogo arrojándole una pelotita escaleras abajo, con su mole animal empujaba a los presos que perdían el equilibrio y caían rodando por la escalera de la muerte en compañía de otros presos que no podían evitar la avalancha de perro, hombres y bloques de granito entre las risotadas de los guardias que celebraban así el macabro sentido del humor de su comandante.
Todos los testimonios de los supervivientes de Mauthausen convienen en destacar a los numerosos españoles allí ingresados como auténticos héroes que no desfallecieron ante la maquinaria del terror nazi. Esos republicanos exiliados y por azar aciago del destino recluidos en ese campo de concentración se organizaron desde el principio y constituyeron una fuerza de choque para resistir mejor la adversidad, la hambruna, los castigos físicos y fueron de primordial ayuda para presos de otras nacionalidades huérfanos de solidaridad humana. Quién lo iba a decir, esos republicanos que pagaron tan caro su individualismo y falta de disciplina frente a los franquistas, convertidos en un modelo de organización en el peor de los sitios.
Con catorce años, cuando trabajaba en una fábrica de pastelería, bollería y panadería, me fascinó saber que el padre de mi admirado y querido encargado estuvo preso en un campo de concentración. Fue lo único que pude sonsacar al sr. Antonio. No le gustaba hablar del pasado de su padre. Siempre he gozado de la simpatía protectora de mis inmediatos superiores. No sé bien por qué. He debido desprender siempre un halo de vulnerable huérfano dickensiano al estilo de Oliver Twist.
El caso es que siempre contaba conmigo para amenizar el escaso tiempo libre del que disponía ( me llevaba de camping, me invitaba a jugar al frontón valenciano) y muchas veces le correspondía ayudándole con faenas extralaborales. Un buen día me pidió ayuda para trasladar un frigorífico. Nos fuimos a su pueblo natal, el castellonense pueblo de Segorbe. Y por fin conocí a su padre. Me conmocionó estar frente a un héroe republicano que sobrevivió a los horrores de un campo de concentración. En un poyete de piedra a la entrada de su casona tomaba el sol plácidamente junto a….un perro dogo. Eso no era un perro, era un caballo. La verdad es que imponía y aunque estaba sentado sobre sus patas traseras casi me llegaba al pecho. Su saludo al verme fue
- “pots tocar-lo, no tinguis por. Pots tocar-lo, no tinguis por..” ( “puedes acariciarlo, no tengas miedo”), y lo repitió una vez más, y una cuarta…, hasta que d. Antonio me cogió del hombro y me hizo pasar al interior para cargar el frigorífico.
- “padre tiene la cabeza ida, no te preocupes. El perro no hace nada. Sólo le gustan esta clase de perros. Este es el segundo que tiene ya”
D. Antonio se despidió de su madre cariñosamente con un beso, y a su padre le posó la mano sobre su hombro con un “ hasta luego, padre. No dé guerra a madre”. Su padre tuvo tiempo una vez más de repetirme “ pots tocar-lo….”
El viaje de regreso a Valencia se vio envuelto en un extraño mutismo que no alcanzaba a comprender, y eso que ya de por sí mi encargado era lacónico por naturaleza.
Pasaron los años. Me despedí de esa empresa. Me casé. Tuve hijos. Me fui de Valencia. Comenzó mi diáspora particular. Pasaron más años, d. Antonio se jubiló. De vez en cuando le llamaba por teléfono y siempre nos alegrábamos de conversar un poco y no perder el contacto. En cierta manera, fue un segundo padre para mí.
De entre los muchos libros que fueron cayendo en mis manos, por pura casualidad, me dio por leer un libro titulado “90009”, escrito por un preso de Mauthausen llamado Antonio Muñoz Zamora. Ese era el número que tenía tatuado en el brazo. Un testimonio escalofriante de un republicano almeriense de su paso por la cámara de los horrores.
La lectura de ese libro me impresionó. Y mucho más que me iba a estremecer hasta arrancarme algunas de las lágrimas más amargas que he podido derramar en mi vida. En uno de los capítulos finales, Antonio Muñoz Zamora relata que cuando los guardianes alemanes abandonaron el campo de concentración ante la inminente llegada de los libertadores aliados, se produjo una venganza contra los kapos del campo ( los kapos eran presos-capataces que colaboraban en el maltrato de sus compañeros a cambio de un régimen de vida más generoso. Así los soldados alemanes no tenían que ensuciarse las manos) Ahorcaron a unos cuantos y de la horca tampoco se libró el perro dogo entrenado por su dueño para mortificar a los prisioneros. El perro no fue parte de las apresuradas maletas del comandante y lo dejó abandonado a su suerte. Según relata el libro, el encargado de cuidar, limpiar, despiojar y alimentar y pasear al dogo era un español llamado Antonio B. ( omito el apellido), un preso español natural de Segorbe. Después de ahorcar al perro, fueron en busca de su cuidador para hacerle correr la misma suerte. Después de inspeccionar el campo, se lo encontraron abrazado al colgado cadáver del dogo llorando con todo el desconsuelo con el que se puede llorar. El grupo justiciero de españoles se compadeció de él y renunciaron a su venganza.
Entonces, lo entendí todo. Dejé pasar unos días y volví a telefonear a mi antiguo encargado. Como de pasada, en medio del intercambio banal de noticias, le pregunté si su padre ( ya fallecido en un geriátrico para ancianos con problemas psiquiátricos) había estado internado en Mauthausen. Se hizo un silencio telefónico, los famosos silencios enervantes del sr. Antonio. Pero tras unos instantes, me contestó que sí, que había estado en concreto en ese campo de concentración. Ni por su parte ni por la mía nos extendimos más sobre este asunto y proseguimos dándonos las novedades familiares.
Aquel día no conocí a un héroe republicano superviviente de un campo de concentración alemán. Aqué día conocí a una patética víctima más del horror y estoy seguro de que si sus compañeros hubieran culminado su venganza, él les hubiera estado eternamente agradecido.
El único vínculo sentimental que ese hombre mantenía con la humanidad, la última estación a la que se aferraba para no volverse completamente loco, era el amor que llegó a sentir por un perro.
Ya ni al padre ni al hijo les importará que haya contado este episodio arrancado de los millones de historias engendradass por la amarga experiencia de una tremenda Guerra Mundial. Donde estén , en el cielo, en la nada, en el limbo o dónde sea, mi comprensión para ese hombre confrontado al horror y apegado al cariño de un animal, y mi admiración y cariño indiscutibles hacia el hombre más honrado y trabajador que he conocido en mi vida, mi inolvidable encargado el sr. Antonio. Me hubiera gustado decirle que si la culpa de su padre fue exclusivamente cuidar de ese animal ningún sentimiento de vergüenza debería haber sentido nunca.
Donde estén digo ( en el cielo, en la nada, en el limbo….)…., se me ha pasado mencionar al infierno porque creo que el infierno puede muy bien arder con la yesca de la maldad humana en el breve espacio de ciento ochenta y seis escalones.
Todavía vive en mi memoria su amedrantada , débil y autista voz: “pots tocar-lo, no tinguis por..”
No tengas miedo
El comandante del campo de concetración, Franz Ziereis, gustaba de asistir a ese espectáculo cruel en compañía de su enorme perro dogo. Los presos esclavizados no sólo temían que sus fuerzas les abandonaran definitivamente durante la mortal ascensión, sino que a su extrema debilidad se sumaba el pasatiempo favorito de ¿un ser humano? uniformado e investido del poder de Dios, poder de vida y muerte: de vez en cuando, y para animar la fiesta, el comandante Ziereis azuzaba a su dogo arrojándole una pelotita escaleras abajo, con su mole animal empujaba a los presos que perdían el equilibrio y caían rodando por la escalera de la muerte en compañía de otros presos que no podían evitar la avalancha de perro, hombres y bloques de granito entre las risotadas de los guardias que celebraban así el macabro sentido del humor de su comandante.
Todos los testimonios de los supervivientes de Mauthausen convienen en destacar a los numerosos españoles allí ingresados como auténticos héroes que no desfallecieron ante la maquinaria del terror nazi. Esos republicanos exiliados y por azar aciago del destino recluidos en ese campo de concentración se organizaron desde el principio y constituyeron una fuerza de choque para resistir mejor la adversidad, la hambruna, los castigos físicos y fueron de primordial ayuda para presos de otras nacionalidades huérfanos de solidaridad humana. Quién lo iba a decir, esos republicanos que pagaron tan caro su individualismo y falta de disciplina frente a los franquistas, convertidos en un modelo de organización en el peor de los sitios.
Con catorce años, cuando trabajaba en una fábrica de pastelería, bollería y panadería, me fascinó saber que el padre de mi admirado y querido encargado estuvo preso en un campo de concentración. Fue lo único que pude sonsacar al sr. Antonio. No le gustaba hablar del pasado de su padre. Siempre he gozado de la simpatía protectora de mis inmediatos superiores. No sé bien por qué. He debido desprender siempre un halo de vulnerable huérfano dickensiano al estilo de Oliver Twist.
El caso es que siempre contaba conmigo para amenizar el escaso tiempo libre del que disponía ( me llevaba de camping, me invitaba a jugar al frontón valenciano) y muchas veces le correspondía ayudándole con faenas extralaborales. Un buen día me pidió ayuda para trasladar un frigorífico. Nos fuimos a su pueblo natal, el castellonense pueblo de Segorbe. Y por fin conocí a su padre. Me conmocionó estar frente a un héroe republicano que sobrevivió a los horrores de un campo de concentración. En un poyete de piedra a la entrada de su casona tomaba el sol plácidamente junto a….un perro dogo. Eso no era un perro, era un caballo. La verdad es que imponía y aunque estaba sentado sobre sus patas traseras casi me llegaba al pecho. Su saludo al verme fue
- “pots tocar-lo, no tinguis por. Pots tocar-lo, no tinguis por..” ( “puedes acariciarlo, no tengas miedo”), y lo repitió una vez más, y una cuarta…, hasta que d. Antonio me cogió del hombro y me hizo pasar al interior para cargar el frigorífico.
- “padre tiene la cabeza ida, no te preocupes. El perro no hace nada. Sólo le gustan esta clase de perros. Este es el segundo que tiene ya”
D. Antonio se despidió de su madre cariñosamente con un beso, y a su padre le posó la mano sobre su hombro con un “ hasta luego, padre. No dé guerra a madre”. Su padre tuvo tiempo una vez más de repetirme “ pots tocar-lo….”
El viaje de regreso a Valencia se vio envuelto en un extraño mutismo que no alcanzaba a comprender, y eso que ya de por sí mi encargado era lacónico por naturaleza.
Pasaron los años. Me despedí de esa empresa. Me casé. Tuve hijos. Me fui de Valencia. Comenzó mi diáspora particular. Pasaron más años, d. Antonio se jubiló. De vez en cuando le llamaba por teléfono y siempre nos alegrábamos de conversar un poco y no perder el contacto. En cierta manera, fue un segundo padre para mí.
De entre los muchos libros que fueron cayendo en mis manos, por pura casualidad, me dio por leer un libro titulado “90009”, escrito por un preso de Mauthausen llamado Antonio Muñoz Zamora. Ese era el número que tenía tatuado en el brazo. Un testimonio escalofriante de un republicano almeriense de su paso por la cámara de los horrores.
La lectura de ese libro me impresionó. Y mucho más que me iba a estremecer hasta arrancarme algunas de las lágrimas más amargas que he podido derramar en mi vida. En uno de los capítulos finales, Antonio Muñoz Zamora relata que cuando los guardianes alemanes abandonaron el campo de concentración ante la inminente llegada de los libertadores aliados, se produjo una venganza contra los kapos del campo ( los kapos eran presos-capataces que colaboraban en el maltrato de sus compañeros a cambio de un régimen de vida más generoso. Así los soldados alemanes no tenían que ensuciarse las manos) Ahorcaron a unos cuantos y de la horca tampoco se libró el perro dogo entrenado por su dueño para mortificar a los prisioneros. El perro no fue parte de las apresuradas maletas del comandante y lo dejó abandonado a su suerte. Según relata el libro, el encargado de cuidar, limpiar, despiojar y alimentar y pasear al dogo era un español llamado Antonio B. ( omito el apellido), un preso español natural de Segorbe. Después de ahorcar al perro, fueron en busca de su cuidador para hacerle correr la misma suerte. Después de inspeccionar el campo, se lo encontraron abrazado al colgado cadáver del dogo llorando con todo el desconsuelo con el que se puede llorar. El grupo justiciero de españoles se compadeció de él y renunciaron a su venganza.
Entonces, lo entendí todo. Dejé pasar unos días y volví a telefonear a mi antiguo encargado. Como de pasada, en medio del intercambio banal de noticias, le pregunté si su padre ( ya fallecido en un geriátrico para ancianos con problemas psiquiátricos) había estado internado en Mauthausen. Se hizo un silencio telefónico, los famosos silencios enervantes del sr. Antonio. Pero tras unos instantes, me contestó que sí, que había estado en concreto en ese campo de concentración. Ni por su parte ni por la mía nos extendimos más sobre este asunto y proseguimos dándonos las novedades familiares.
Aquel día no conocí a un héroe republicano superviviente de un campo de concentración alemán. Aqué día conocí a una patética víctima más del horror y estoy seguro de que si sus compañeros hubieran culminado su venganza, él les hubiera estado eternamente agradecido.
El único vínculo sentimental que ese hombre mantenía con la humanidad, la última estación a la que se aferraba para no volverse completamente loco, era el amor que llegó a sentir por un perro.
Ya ni al padre ni al hijo les importará que haya contado este episodio arrancado de los millones de historias engendradass por la amarga experiencia de una tremenda Guerra Mundial. Donde estén , en el cielo, en la nada, en el limbo o dónde sea, mi comprensión para ese hombre confrontado al horror y apegado al cariño de un animal, y mi admiración y cariño indiscutibles hacia el hombre más honrado y trabajador que he conocido en mi vida, mi inolvidable encargado el sr. Antonio. Me hubiera gustado decirle que si la culpa de su padre fue exclusivamente cuidar de ese animal ningún sentimiento de vergüenza debería haber sentido nunca.
Donde estén digo ( en el cielo, en la nada, en el limbo….)…., se me ha pasado mencionar al infierno porque creo que el infierno puede muy bien arder con la yesca de la maldad humana en el breve espacio de ciento ochenta y seis escalones.
Todavía vive en mi memoria su amedrantada , débil y autista voz: “pots tocar-lo, no tinguis por..”
No tengas miedo
Foto sacada por el fotógrafo catalán Francisco Boix el día en que los americanos liberaron el campo de Mauthausen. El preso que mira a la cámara es el autor del libro, Antonio Muñoz Zamora. Francisco Boix era el encargado de los reportajes fotográficos del campo, y tuvo el acierto de esconder una copia de los negativos. Fue el único español que testificó en el Juicio de Nuremberg y gracias a él se pudo juzgar a un buen puñado de oficiales nazis que negaron en Nuremberg tener conocimiento de la existencia de los campos de concentración.El auténtico Francisco Boix ( pues sí, tiene cierto parecido Mario Casas con él)
lunes, 20 de agosto de 2018
ES LA LECHE
Estas vacaciones he sufrido una indigestión de noticias y
debates políticos de todos los colores. Ya se sabe: las noticias orientadas a
resaltar el lado Hyde de la condición humana y las catástrofes naturales. Y los
debates políticos convertidos en combates de
dialécticos gladiadores que ignoran el pulgar de la razón, incluso del
respeto, y degollan al contrario sin miramientos.
La conclusión a la que uno llega tras un empacho masoquista
semejante es que todo es mentira.
Que este recelo provoque un escepticismo total hacia una economía de mercado que explota la
codicia a costa de la justicia social y salarial , o que termines albergando
serias dudas sobre la idoneidad de la democracia como el menos malo de los sistemas
políticos cuando lees que el partido de Salvini va a proponer en Italia que se
encarcele a los inmigrantes según vayan llegando ( algo que me hace recordar a cómo
llegó Hitler al poder), da paso al siguiente desvarío anecdótico, pero no menos
sintomático: el negacionismo a lo establecido ha llegado al consumo de la
leche.
Como los beneficios del progreso son mentira, la pasteurización
también lo es. Solo tenemos salvación si viviéramos como el rey de los monos.
Convertidos en crudíforos tarzanes y bebiendo leche directamente de la ubre de
la vaca es como únicamente podremos recuperar el paraíso.
Ese llevar la contraria, ese retorno a la vida silvestre, no
me molesta mientras no me obliguen a lo mismo, a cazar mamuts con un palo o a
comer acelgas de por vida. Lo que me molesta es descubrir que el litro de leche
cruda es más caro que el de la leche esterilizada. Incluso lo más simple y
natural ( que no sano y exento de riesgos), también ha sucumbido a las
inexorables leyes del mercado y las posibilidades de negocio lucrativo.
Vivo en medio de una confabulación universal donde lo único
cierto es la mentira.
Anoche, viendo la truculenta e hipnótica Sin City de Frank
Miller , uno de los siniestros personajes de la película afirma: “ quien
controla la mentira y la hace creer, tiene el poder”…La cruda realidad, incluso
con la leche cruda.
Tengo que desintoxicarme de tanta información, pero solo
para admitir que la ignorancia también es otra clase de toxina letal.
De todo,
el poder saca partido....Es la leche
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